27 de enero de 2013

Adiós con el Corazón, porque con el Alma No Puedo!!!


Ahora que te vas. Apoyo tu decisión, debes marcharte . Es por tu bien. Por tu futuro, sólo tuyo. He sido cruel, he herido tu corazón, te arrojé toda mi rabia contenida durante cuatro años. Lo que nunca me atreví a decirte. Es cierto que no siento amor hacia ti. Que ya no escribo un nosotros. Que Tu futuro y el mío nunca convergerán... Pero confieso que he llorado y lloro tu marcha. No mires atrás jamás... Tienes que hacerlo. Pero no te marches sin darme un abrazo. Eso es lo último que podría perdonarte, que no me dieras un adiós. Porque es un adiós. Pensar que a la vuelta de la esquina ya no te volveré a ver, que no volverás a morirte de la risa cada vez que me das un susto de muerte cuando voy pensando en mis cosas andando por la ciudad de tus amores y de los míos. Hay amores que matan y nunca mueren. Siempre te recordaré. Eres lo mejor que me ha pasado. Lo Mejor que he tenido. Conocí el auténtico significado de lo que es el amor. Porque te amé...

26 de enero de 2013

Érase Una Vez



Salvando las distancias, circunstancias muy próximas indican que estoy en un cuento de Disney. Por aquello de tener una madrastra y encima malvada, la bicho la he bautizado. Cenicienta??? Blancanieves???

No, mejor no, tengo hermanastra así que más cerca de Cenicienta... Pero sin zapato de cristal ( sólo pensarlo me duelen los pies) y mucho menos sin baile (que tengo que abandonar antes de las 12), porque a partir de esa hora es cuando me transformo y me enfundo en mi chupa de cuero negra, tampoco hay príncipe azul ni final del cuento con un "por siempre jamás... "Qué pereza!!!!

Coronada pues como la Cenicienta de Disney... Por aquello de la poética... Rauda me encamino a seguir con mi cuento sin final feliz.

No existen esos finales, el recorrido parece duro (no quiero mirar atrás.

Bastantes obstáculos he salvado.

Tengo las espinillas adornadas con moratones y pequeñas cicatrices, algún reglero de sangre sale de algunas heridas que me quedan por curar...) Pero levanto la cabeza, porque sino la corona de princesa Disney se cae al suelo...

Con lo que me ha costado ganármela, no estoy dispuesta a dejarla caer.

La mirada fija en un objetivo simple, algunos lo describen como utopía, pero si ese lugar todavía no existe!!!!

Lo estoy construyendo día a día.

Sé que llegaré. No sé ni entiendo donde viene mi orgullo, el que me impide arrastrarme, el que no voy a tragarme... El que ve como otras personas carecen de él, porque el día que repartieron dosis de orgullo, por lo visto decidí quedarme toda la olla para mi sola.

No es esa clase de orgullo tipificado como pecado capital, allá por las tierras palestinas, hará ya la friolera de miles de años, es ese orgullo que te hace sobrevivir, que hace levantarte, que hace que luches por lo que quieres, el que hace entender que jamás dejarás que nadie te menosprecie.

La humildad también la tengo de compañera de viaje...

Recordándome continuamente que mantenga los pies en el suelo, porque el riesgo de precipitarme por un acantilado emocional, está patente en un camino que no te deja ver más allá de tus narices.

Así pues, como Cenicienta que soy, seguiré escribiendo esta historia, donde estás tu.., si, tú que estás leyendo esta pequeña locura que acabo de teclear en mi iPhone.Siéntate.

Escribe tu propia historia.

Te escribo las primeras letras: érase una vez...

13 de enero de 2013

Frío.... Por Enma Riverola!!!!


Hay un hombre de frío. Su piel es un témpano y de sus párpados cuelgan las estalactitas de la indiferencia.
Sus abrazos no calientan y el aliento de sus besos cubre el alma de escarcha.
Sus palabras son como la punta de un iceberg, parecen un ingenuo capricho de letras pero hieren y rasgan y hunden en el gélido océano de la duda.
Su cuerpo parece cubierto de una impenetrable capa de hielo. Buscar un resquicio es inútil.
Detrás de esa capa hay otra. Y otra. No hay corazón ni latido. No hay magma ni núcleo. Tan solo un infinito manto sobre manto polar.
Con un hombre de frío, la casa siempre está entre corrientes. Viento del Ártico, por un lado. Del Antártico, por el otro. No hay rincones donde guarecerse. Ni calefacciones, estufas o jerséis capaces de doblegar el aire glacial.
Los vidrios de las ventanas se cubren de cristales de nieve, a través de los cuales no penetran los rayos del sol, ni las voces de las calles se adentran en ese tanatorio de estancias cubiertas de blanco.
Al hombre del frío nadie le abre la puerta, pero él sabe cómo colarse en las vidas y llenarlas de invierno.
No dejes nunca que te susurre al oído, que no te hiele tu ánimo, que no paralice tu voluntad.
Si una noche sientes su hálito de muerte junto a ti, antes de que se te entumezcan los sentidos, entierra el rostro en la almohada. Suéltate el pelo para abrigarse. Frótate la piel para mantenerla con el calor de la vida. Sorbe un recuerdo hermoso y deja que un sueño te acaricie. Que el hombre de frío no te atrape. Que no te envuelva. Que no te quiera...