26 de enero de 2013

Érase Una Vez



Salvando las distancias, circunstancias muy próximas indican que estoy en un cuento de Disney. Por aquello de tener una madrastra y encima malvada, la bicho la he bautizado. Cenicienta??? Blancanieves???

No, mejor no, tengo hermanastra así que más cerca de Cenicienta... Pero sin zapato de cristal ( sólo pensarlo me duelen los pies) y mucho menos sin baile (que tengo que abandonar antes de las 12), porque a partir de esa hora es cuando me transformo y me enfundo en mi chupa de cuero negra, tampoco hay príncipe azul ni final del cuento con un "por siempre jamás... "Qué pereza!!!!

Coronada pues como la Cenicienta de Disney... Por aquello de la poética... Rauda me encamino a seguir con mi cuento sin final feliz.

No existen esos finales, el recorrido parece duro (no quiero mirar atrás.

Bastantes obstáculos he salvado.

Tengo las espinillas adornadas con moratones y pequeñas cicatrices, algún reglero de sangre sale de algunas heridas que me quedan por curar...) Pero levanto la cabeza, porque sino la corona de princesa Disney se cae al suelo...

Con lo que me ha costado ganármela, no estoy dispuesta a dejarla caer.

La mirada fija en un objetivo simple, algunos lo describen como utopía, pero si ese lugar todavía no existe!!!!

Lo estoy construyendo día a día.

Sé que llegaré. No sé ni entiendo donde viene mi orgullo, el que me impide arrastrarme, el que no voy a tragarme... El que ve como otras personas carecen de él, porque el día que repartieron dosis de orgullo, por lo visto decidí quedarme toda la olla para mi sola.

No es esa clase de orgullo tipificado como pecado capital, allá por las tierras palestinas, hará ya la friolera de miles de años, es ese orgullo que te hace sobrevivir, que hace levantarte, que hace que luches por lo que quieres, el que hace entender que jamás dejarás que nadie te menosprecie.

La humildad también la tengo de compañera de viaje...

Recordándome continuamente que mantenga los pies en el suelo, porque el riesgo de precipitarme por un acantilado emocional, está patente en un camino que no te deja ver más allá de tus narices.

Así pues, como Cenicienta que soy, seguiré escribiendo esta historia, donde estás tu.., si, tú que estás leyendo esta pequeña locura que acabo de teclear en mi iPhone.Siéntate.

Escribe tu propia historia.

Te escribo las primeras letras: érase una vez...

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