29 de octubre de 2017

Y si...

Tenía  los ojos hinchados, apenas podía mantenerlos abiertos, sentía un cansancio extremo, con cierta torpeza, intentaba abrir los cajones del mueble del baño, donde buscaba sin  suerte una goma para recoger su cabello.

Apoyó sus manos sobre el frío mármol del baño, retiró su enmarañado cabello de la frente, que caía raramente alborotado. Clavó la mirada en el espejo, retirandola de forma inmediata, porque odiaba el reflejo de sí misma. Suspiró...dio media vuelta y dirigió sus pasos a la cocina.

Los rayos de sol entraban por la ventana con tanta fuerza que le dolieron los ojos, cerró las contraventanas y quedó en una penumbra que la aliviaba. Preparó café con canela y exprimió unas naranjas.

Le gustaba el olor de café que inundaba la casa, salió al jardín donde sus  perritas esperaban su saludo de buenos días con cierta impaciencia. Volvió a suspirar...

Había decidido esa mañana desayunar en el jardín, el otoño no acababa de llegar, por lo que la calidez de la mañana invitaba a hacerlo.

Con una taza de café  en una mano, el móvil en la otra, sorbía trago a trago los primeros momentos de la mañana...

¿Y si hoy es el día?

¿Y sí Compra el billete de avión y comienza a cumplir sus sueños?

Estaba en ese preciso y precioso instante que siempre esperó...no estaba encadenada, ya no tenía nada que la ate a una mesa, a un teléfono, cumplir órdenes absurdas, no tenía a nadie que dependa de ella para sobrevivir, ....sólo sentía cansancio, pero el tipo de cansancio que da el hacer lo que tiene que hacer, su sentido del deber, ese tipo de cansancio que lleva la obligación.

¿Y si empieza a hacer algo para y por ella???

Sus labios dibujaban una amplia sonrisa y su mirada se perdió durante no se sabe cuánto tiempo...estaba mirando un nuevo horizonte, no estaba asustada, no había vértigo en ese horizonte...





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